
COLUMNA.
Queridas amigas y queridos amigos:
Entramos de lleno al mes de agosto y, con ello, a una etapa importante para nuestro movimiento: la contienda por la Coordinación Estatal de los Comités en Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Tlaxcala.
Es precisamente en momentos como éste cuando debemos recordar que la manera en que hacemos política también habla de nuestros principios.
En las últimas semanas hemos observado prácticas que, desde nuestra perspectiva, no corresponden con la forma de hacer política que ha impulsado Morena. Se ha señalado la utilización de estructuras públicas, la participación de trabajadores de distintas dependencias en actividades de promoción política y la difusión de encuestas o mensajes que no siempre permiten conocer con claridad su origen o metodología.
También hemos visto publicidad colocada en espacios públicos y distintas estrategias de promoción en redes sociales que pueden generar dudas sobre el origen de los recursos utilizados.
No se trata de señalar ni de descalificar a personas. Tampoco de desconocer el derecho legítimo de cada compañera y compañero a participar y expresar sus aspiraciones.
Se trata, simplemente, de preguntarnos qué tipo de competencia queremos construir entre quienes formamos parte de este movimiento.
Estoy convencido de que quienes trabajan en las instituciones públicas merecen respeto y no deben ser colocados en situaciones que puedan comprometer su empleo o su responsabilidad institucional. La función pública debe mantenerse al margen de cualquier interés particular.
También creo que debemos hacer un esfuerzo para que nuestras contiendas internas se desarrollen con austeridad, transparencia y respeto a las reglas.
Porque, al final, no podemos pedirle a la sociedad que vuelva a confiar en la política si nosotros mismos reproducimos algunas de las prácticas que durante años cuestionamos.
Recordando a Fernando Savater y su reflexión sobre la política, vale la pena hacernos una pregunta sencilla: ¿en una contienda política todo se vale?
Mi respuesta es clara: no, no todo se vale.
No se vale mentir con encuestas.
No se vale utilizar recursos públicos para favorecer proyectos personales.
No se vale presionar a trabajadores para participar en actividades políticas.
Y tampoco se vale perder de vista que estamos compitiendo entre compañeras y compañeros que, por encima de nuestras diferencias, formamos parte de un mismo movimiento.
La política puede y debe hacerse de otra manera.
Por eso, desde mi participación en este proceso, seguiré apostando por caminar las calles, visitar las comunidades, escuchar directamente a la gente y construir una propuesta cercana, seria y responsable.
No necesitamos grandes despliegues para demostrar quiénes somos. Necesitamos convencer con ideas, con trabajo y con congruencia.
Tlaxcala merece una contienda a la altura de su gente y de la transformación que queremos representar.
Sigamos caminando, escuchando y construyendo.
Porque la transformación también debe notarse en la forma de hacer política.
